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La Ley del Mar

 

A comienzos de 1884, un rico abogado australiano llamado H. Want, compra el Mignonette, un yate de 31 toneladas en Inglaterra.

Aunque el barco no era robusto, el propietario decide trasladarlo a Sidney navegando.

Con este fin, contrata a Thomas Dudley de 31 años como capitán, a Edwin Stephens de 36 años como compañero, a Edmund Brooks, de 39, como marinero, y a Richard Parker, de 17, como grumete.    

El 19 de mayo zarpan desde Cornualles y se dirigen al sur para rodear el Cabo de Buena Esperanza en dirección a Australia.

Durante varias semanas navegan sin inconvenientes.  

El 17 de junio el Mignonette cruza el ecuador y a partir de allí el clima empeora. El yate es sacudido por una serie de tormentas y se desvía de la ruta comercial.

El viento no da tregua y el Mignonette se deteriora con rapidez.

El 5 de julio al anochecer, una enorme ola se estrella contra la popa desprendiendo una de sus vigas. El barco se inunda y los tripulantes pronto descubren que la bomba es de mala calidad y totalmente incapaz de evacuar el agua a velocidad. 

Sin nada por hacer abandonan la nave.

El Mignonette se hunde en menos de 10 minutos a la altura del cabo de Buena Esperanza, a  medio camino entre las islas de  St. Helena y Tristán DaCunha. 

Todos al bote… 

Durante el mes que siguió, los 4 marineros vivieron una pesadilla espeluznante. 

El Mignonette había naufragado tan rápido que a duras penas logran embarcarse en el bote salvavidas. 

En la desesperación, el agua potable cae por la borda y es arrastrado por las olas. Ninguno había podido recoger alimentos. Únicamente Dudley logra embarcar dos tarros de vegetales y un sextante. 

Se hallaban en un bote de apenas 13 pies, en medio de las olas a mil seiscientos kilómetros de la orilla más cercana.

Con sus camisas improvisan precarias velas, su única esperanza era llegar a la ruta comercial y ser rescatados por otro barco. 

Infierno a la deriva 

Durante los dos primeros días racionalizaron las latas de nabos y una lluvia ocasional les permitió recolectar agua entre sus impermeables. 

Al cuarto día vieron una tortuga dormida en el agua, la arrastraron a bordo y con ella se alimentaron durante casi una semana, incluso se comieron los huesos y masticaron su piel.

Intentaron capturar algunos peces, pero fallaron.

A los 15 días con labios y lenguas resecos y ennegrecidos por la sed, bebieron su propia orina para luchar contra la deshidratación.  

Finalmente, el joven Parker desesperado bebe agua de mar y enferma. 

La ley del Mar

A los 18 días del naufragio, sintiéndose más muerto que vivo, Dudley propone recurrir a la “ley del mar”. Una costumbre según la cual, cuando la comida se agotaba, los náufragos podían determinar, mediante sorteo quién de ellos sería sacrificado para servir de alimento a los demás.

Brooks se niega rotundamente, Stephens duda y la idea queda temporalmente abandonada.

Al día siguiente Dudley insiste y trata de persuadir a Stephens. Ya no hablaba de sorteo. Parker evidentemente era el más enfermo, y no tenía esposa ni hijos; sería justo, razonó Dudley, que él fuera sacrificado. 

El grumete había comenzado a delirar y a mostrar signos de locura. Sufría alucinaciones y en varias oportunidades estuvo a punto de volcar el bote.

Esta vez, Stephens se mostró de acuerdo y Brooks se volvió a negar.

La mayoría se impuso y el 23 de julio, Dudley caminó hacia Parker que yacía en el fondo del bote con la cara enterrada entre sus brazos. "Richard", dijo con voz temblorosa, "ha llegado tu hora. Rezo para que Dios me perdone por lo que debo hacer” "¿Qué? ¿Yo, señor?" murmuró el chico medio inconsciente, sin comprender. "Sí, mi niño", repitió Dudley y luego hundió su navaja en el cuello del grumete.

Un trago amargo

Durante los siguientes cuatro días, los tres, incluido Brooks, se alimentaron del cuerpo de Parker, incluso bebieron su sangre. 

El 29 de julio, luego de 24 días a la deriva, fueron rescatados, a unas 990 millas al este de Rio de Janeiro, por el carguero alemán Montezuma, rumbo a Europa desde Sudamérica. 

De los tres hombres, solo Brooks pudo subir a bordo; el resto tuvo que ser alzado. 

Los restos de Parker estaban todavía en el bote. Todos podían imaginar lo sucedido.  

Cuando se recuperaron tanto Dudley como Stephens contaron la historia. 

La tripulación alemana, consternada, continuó tratándolos con la mayor amabilidad. 

 

 

¿Eran asesinos? 

El 6 de septiembre de 1884, el Montezuma llega a Falmouth, Inglaterra y los sobrevivientes son interrogados en la aduana.

Dudley habló de su aventura sin remordimientos e incluso insistió en guardar el cortaplumas con el que había matado a Richard Parker como recuerdo.

Quedaron atónitos cuando fueron arrestados y acusados de asesinato.

Nunca se les ocurrió que habían hecho algo criminal.

 

El juicio

El 11 de septiembre se realiza la audiencia en la corte de Falmouth.

Dudley insiste en que él era el líder y que Brooks era completamente inocente. En consecuencia, Brooks es absuelto

Los dos acusados repitieron su historia ante el tribunal, sin ocultar nada.

Tom Dudley declaró: "He rezado fervientemente para que Dios nos perdone por semejante acto. Fue mi decisión sacrificar la vida del chico, pero estaba justificada por la imperiosa necesidad. Al final he perdido solo a un miembro de mi tripulación cuando, ante tales circunstancias, el resto también podría haber muerto".

El juicio despertó gran conmoción. El caso no solo había cruzado un tabú, sino dos: el asesinato y el canibalismo juntos. 

No obstante, la opinión publica simpatizaba con los sobrevivientes y el joven Parker.

Los ciudadanos entendían que el Capitán del Mignonette no era un asesino sino un líder que tomó una decisión desesperada.

Incluso, el alcalde de Falmouth fue amenazado de muerte por haberlos arrestado. Y llamativamente, Daniel Parker, el hermano mayor de Richard Parker, los perdonó considerando que el cuerpo de Richard había servido para la supervivencia de otros. Dudley en la audiencia pública estrechó su mano.

Más aún, la familia de Parker colocó una lápida en la tumba de Richard que decía:

"Aunque me mate, aún confiaré en él". (Job, xiii, 15) 
Señor, no les pongas este pecado a su cargo.

Presionado por la opinión pública, el juez de primera instancia describe a Dudley como un hombre de "valentía ejemplar".

Pero, ante el temor de que los acusados fueran absueltos, no se le permite emitir veredicto ni sentencia. Debía limitarse a determinar los hechos.

La sentencia

Determinados los hechos, el caso fue llevado ante un tribunal de cinco jueces, presidido Lord Coleridge, quien si dio opinión y emitió sentencia: “Culpables de los cargos”. 

El tribunal ignoró el atenuante del interés común y expreso dudas sobre si realmente existió una situación de necesidad.  Señaló: 

"Es obvio que el asesinato de Parker habría sido innecesario. Incluso si la necesidad existía, eso no podía justificar el asesinato de otro ser humano” 

Además, se negó a reconocer la autopreservación como un fin que todo lo justifica. "Preservar la propia vida es un deber, pero sacrificarla puede ser el más claro y alto deber. La guerra está llena de instancias en las que el deber del hombre no es vivir, sino morir.  

El deber en caso de naufragio, de un capitán a su tripulación, de la tripulación a los pasajeros, de soldados a mujeres y niños.  Estos deberes imponen a los hombres la necesidad moral, no de preservación, sino del sacrificio de sus vidas por los demás.  

No es correcto decir que hay una incondicional e ilimitada necesidad de conservar la propia vida. 

Finalmente refiriéndose a la ley del mar, señaló que una regla que permita matar a alguien en situaciones de necesidad sería impracticable: 

 “¿Quién debe juzgar el estado de necesidad? ¿Con qué criterio debe medirse la relación de valor entre las diversas vidas humanas? ¿El criterio es el de la fuerza física, el intelecto u otro?” 

En noviembre de 1884 el tribunal condenó a los acusados a muerte.

Jurisprudencia

A pesar de toda esta retórica, el perdón de la Reina Victoria había sido arreglado por adelantado y al cabo de tres semanas se les conmuta la pena de muerte y los acusados ​​son liberados seis meses después.  

La sentencia fue sólo una formalidad con el objetivo de reafirmar el principio legal de que "la necesidad" no es razón para matar.   

El juicio adquirió gran notoriedad y creó jurisprudencia. En Gran Bretaña, “La ley del mar” se trasformó en delito. 

Mi pasado, mi condena…

Una vez en libertad, Sólo Brooks volvió a navegar 

Stephens se estableció cerca de Southampton y absorbido por la experiencia del bote con el tiempo se volvió silenciosamente loco.  

Thomas Dudley emigró a Sidney. Se convirtió en un pequeño comerciante y logró mantener su historia en secreto. Nunca olvidó aquellos días en el mar, obsesionado por los recuerdos trató de aliviarse con grandes cantidades de opio.

Murió como la primera víctima de la peste bubónica que azotó Australia en 1900. 

La desgracia de llamarse Richard Parker

En 1838, 46 años antes de esta tragedia, Edgar Allan Poe, escribe su única novela "La narración de Arthur Gordon Pym" en ella narra como un barco ballenero se pierde en el mar, y sobreviven 4 marineros que navegan a la deriva en una pequeña barca sin provisiones.  

Extenuados, deciden realizar un macabro sortero, el joven grumete Richard Parker, ha sacado la astilla más corta, sabe que ha perdido y afronta con valor su sacrificio que servirá de alimento a sus compañeros. 

Así narra Poe el momento: 

“Tendí la mano con las astillas, y Peters sacó inmediatamente una. Se había salvado...; su astilla no era la más corta, y ahora había otra posibilidad más en contra mía. Reuní todas mis fuerzas y le ofrecí las astillas a Augustus. También sacó inmediatamente una, y también se salvó; y ahora tenía las mismas probabilidades de morir o vivir. En aquel momento se apoderó de mi alma toda la fiereza del tigre, me dirigí hacia mi pobre compañero Parker, con el odio más intenso y diabólico. Pero este sentimiento no duró mucho y, al fin, con un convulsivo estremecimiento y cerrando los ojos, le tendí las dos astillas restantes. 

Transcurrieron más de cinco minutos…; Por fin, una de las dos astillas fue rápidamente arrancada de mi mano. La decisión estaba tomada, pero yo no sabía si era en favor o en contra mía. No hablaba nadie, y yo no me atrevía a mirar la astilla que tenía en la mano.

Peters me cogió del brazo y me obligó a abrir los ojos, viendo inmediatamente en el semblante de Parker que me había salvado y que él era el condenado. Falto de aliento, caí sin sentido sobre la cubierta. 

Me recobré de mi desmayo… No debo detenerme a relatar la horrible comida que siguió inmediatamente; estas cosas han de imaginarse, pues no hay palabras con poder suficiente para impresionar el espíritu con el tremendo horror de su realidad.”
 

46 años después la realidad superó la ficción. 

Todavía nos queda por añadir un último Richard Parker: El tigre de bengala que naufraga en “La vida de Pi “del canadiense Yann Martel.

Una historia que también presenta un guiño a la anticipación de Poe.

 

Lic. Florencia Cattaneo

Campo Embarcaciones

Bróker Náutico

 

Fuentes:  

Peters D. Jeans; Mitos y Leyendas del Mar

Neil Hanson; The custom of The Sea

Edgar Alan Poe; Narración de Arthur Gordon Pym

Pag web. People.brandeis.edu; Filosofía de Derecho. Pagina de manos libres; El Mignonette, 1884 (Reina V. Dudley)

David Kidd-Hewitt; Homicidio por necesidad natural: la tragedia de Mignonette.

Catherine Townsend; Slaughter at sea; El caso que decidió “Canibalismo de Supervivencia es asesinato”

Alejandro Gamero; La desgracia que anticipó la novela de Edgar Allan Poe

Oscar Muller Creel; El caso La Mignonnette. La justificación de un acto de canibalismo.

Pag web historiaybiografias.com/mignonette/; Canibalismo en el mar; Asesinatos memorables de la historia 

 
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