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Sucedió cuando estábamos terminando de cenar.

El viento soplaba tan fuerte como siempre, pero allí estábamos en nuestra abrigada, seca y pequeña cabina.

Una ola grande y maligna alcanzó al velero, lo arrojó con violencia hacia su costado de babor y después rompió sobre él. Se produjo un espantoso reventar de astillas, se escuchó el ruido de cristales rotos y una rugiente catarata de agua penetró en la cabina.

La cosa se puso fea, varios de los baos laminados de cubierta estaban rajados, y sobre el piso de la cabina había unos 30 cm de agua

Y ahora,… ¿Qué hacemos?

Todos a buscar la vía

Si el agua de la sentina sube, de inmediato y sin perder más tiempo, hay que ponerse a inspeccionar todos los rincones de la embarcación para descubrir la vía. Hay que inspeccionar todos los pasacascos y las válvulas incluyendo los tubos conectados a ellas, como por ejemplo, escape, sonda, y bombas de sentina.

Las vías de agua pueden producirse por varias razones. Lo más común es algo se haya roto por los golpes de mar o al embarcar una ola o bien, puede suceder que de hayamos colisionado con algún objeto flotando en el mar. 

¿Qué hacer con el agua bajo cubierta? Solo una cosa: bombear, sacar agua con bombas o baldes.

Hay que meterse bien en el agua y sacarla a baldazos. Esto suele rendir más que las mejores bombas de achique ya que en situaciones extremas, las salidas de agua de las bombas pueden estar sumergidas, por lo que el agua puede retrofluir por el tubo y la bomba.

Si descubrimos que algún objeto flotante en el mar ha sido el culpable de la vía de agua a proa, podemos intentar pasar una vela bajo la roda para taponar la vía.

Este sistema funciona con oleaje medio y a seis nudos de velocidad.

Debemos pasar el foque 2 por fuera del estay, fijando el puño de escota en el herraje de proa. Los otros dos puños dárselos a dos tripulantes situados a babor y estribor respectivamente.

Luego tirar de la vela por delante del balcón de proa de tal forma que sea arrastrada y pegada al casco por la velocidad. Los dos tripulantes solo tienen que tirar de la vela hasta que esta se posicione correctamente.

Con agua en el interior hay que pensar que tarde o temprano se dañarán las baterías y no habrá posibilidad de usar el VHF.

Por esta razón es necesario emitir un mensaje antes que la situación empeore, explicando el problema, la posición y las soluciones propuestas.

Luego, a pequeños intervalos, hay que confirmar que todo sale según el plan y anular la alarma. Si la radio dejara de funcionar a medias o totalmente, podemos contar con que los servicios de socorro vendrán a auxiliarnos.

Por lo general, los barcos de salvamento llevan a bordo bombas de una capacidad muy superior. Si se pudiera mantener a flote la embarcación hasta la llegada del salvamento, la batalla estará ganada.

¿Cómo seguimos?

Todo es un caos, los objetos flotan y el agua en el interior forma oleajes y corrientes propias.

La situación es desesperante y surge la idea de abandonar el barco y pasar a la balsa salvavidas.

Esta decisión suele tomarse bajo una fuerte situación de estrés, por eso en muchas ocasiones se convierte en un error.

Se abandonan veleros sin necesidad y se solicitan los servicios de socorro demasiado tarde.

El pánico en una situación de emergencia disminuiría si se comprendiera que una llamada de salvamento no equivale al abandono obligatorio del buque.

Una llamada de socorro cuando no existe peligro definitivo no significa ofensa o deshonor.

Por el contrario, ayuda al servicio de rescate permitiendo que pueda llegar a tiempo en caso de que la situación empeore.

El contacto preparatorio por radio tiene sus ventajas.

Si el barco de socorro conoce los datos de la embarcación y la tripulación, puede coordinar mejor las acciones a emprender. Por otro lado, la comunicación temprana no se produce bajo estrés máximo lo que hace más fácil la descripción de la situación.

Una vez establecido contacto con una costera, la propia situación se vuelve

Ya sin alternativa, todos a la balsa

Solamente si no existe otra posibilidad, se pensará en abandonar el barco y pasar a la balsa salvavidas

Por lo general esto se reduce a dos situaciones. El barco ya no flota o está ardiendo.

El lugar ideal para preparar la balsa es el piso del cockpit. Esto evita que las olas se la lleven.

La tripulación debe abrigarse bien y equiparse con traje de agua, salvavidas y arnés.  Hay que meter en los bolsillos de la balsa, linternas y todo lo que haya de pirotecnia y sirva para dar señales.

Durante un temporal, el salvamento puede tardar en llegar. Alguien debe encargarse del agua dulce y la comida, mientras que otro se encarga de transmitir por radio. Aquí se recomienda que una segunda persona controle la posición del barco.

La balsa ha de sacarse a sotavento. Si se sacara a barlovento, volaría impulsada por el viento por encima del barco y sufriría el primer desperfecto.

 Al pasar la balsa tenemos que protegerla bien de objetos punzantes como, candeleros, herrajes y cornamusas.

Lo mejor es engancharse al barco antes de saltar por el riesgo de fallar en el salto. Lo más indicado es saltar boca abajo sobre la balsa, aunque duela a los que estén dentro

Aguantemos que ya vienen

Si hemos logrado mantenernos a flote en nuestro barco hasta la llegada del rescate, tendremos que intensificar las comunicaciones por radio.

El buque de salvamento ha de saberlo todo: Posición, velocidad de deriva, estado del velero, número de personas a bordo y si hay heridos.

Al llegar el rescate, lo primero que hará será largar un cabo a la embarcación auxiliada. Para ello, se acercará oblicuamente y desde barlovento.

Los náufragos provistos de salvavidas, arnés y lo necesario para llevarse del velero, están dispuestos para cambiar de embarcación. La primera persona en salir se engancha al cabo de salvamento y salta al agua. Este corto baño es ineludible para poder mantener la distancia entre los barcos. La tripulación de socorro embarcará al náufrago antes de que este se dé cuenta. El próximo paso: Pasar el cabo de salvamento al siguiente náufrago.

Únicamente si hubiera que pasar a heridos o desmayados, el capitán del socorro se decidirá por mandar un bote de salvamento.

El bote puede maniobrar mejor hacia el velero en apuros, aunque haya alguna que otra colisión.

Mercante a la vista. ¿Estamos salvados?

En caso de que un mercante esté por la zona y se disponga a rescatarnos, hay algunos problemas a considerar. Los mercantes no pueden maniobrar libremente con temporal.

Los barcos con carga comienzan rápidamente a dar bandazos y estos bandazos ponen en peligro la carga y por lo tanto también a la tripulación del mercante.

Es fácil imaginar las dificultades que supone a un mercante maniobrar para llegar al lado de un velero. Estos barcos no están construidos para maniobrar en espacios reducidos.

Además, su visibilidad se ve muy reducida debido a lo pequeño que resulta, desde el punto de vista de observación, un velero o una balsa. Que un coloso de este tipo llegue parado a un metro de distancia es casi imposible.

En caso de que el mercante se haya acercado, hay que contar con que el velero colisione contra él.

Como ambos barcos suelen dar bandazos, los impactos son tremendos. Para la tripulación del velero existe un verdadero peligro de muerte.

Servirse de una escalera de gato (formada con tablas y cabos) para subir a bordo del mercante es imposible. Con cada ola el yate sube y baja hasta seis metros o mas y el velero no solo se encuentra sometido al vaivén de las olas, sino que también sacude el palo a diestra y siniestra.

¿Qué queda por hacer? En la mayoría de los casos el mercante se acercará a uno 30 grados por barlovento viniendo a parar a unos 10 o 15 metros del yate, dejándolo hacia su media eslora y lanzando unos cabos a cargo de varios marinos.

Para entonces, tendremos que estar preparados para pasar. Dada la dificultad de la situación, no es de esperar que cada náufrago disponga de un cabo personal. Se recomienda, por tanto, que todos los náufragos se enganchen entre sí en forma de racimo.

Alcanzando uno de los cabos de salvamento, hay que anudarse al cabo y saltar al agua conjuntamente. A bordo del mercante se caza vigorosamente y se nos acercará a la borda, desde donde nos subirán a bordo por una escalera de gato o por unas redes previamente dispuestas.

En caso de que el velero este golpeando contra el mercante, el salto al agua es ineludible. No se recomienda ser izado directamente al mercante, se estaría a merced de los barridos del palo.

Una alternativa a este tipo de salvamento sería lanzar la balsa salvavidas al agua.

La balsa se pone a la deriva a la vista del mercante, esta maniobra al encuentro y a continuación se inician los lances de los cabos de salvamento. Pero, hay que considerar que tirar y acertar con un cabo en una balsa salvavidas es bastante más difícil que hacerlo en un velero y después de embarcar en la balsa no hay vuelta atrás posible.

También hay que considerar que no se puede remar en dirección al mercante. La presión del viento llevará la balsa hacia sotavento.

Si el lugar del naufragio se sitúa en las cercanías de una costera con salvamento aéreo, el capitán se decidirá posiblemente en pedir un helicóptero, participando en el salvamento a través de la radio y ofreciendo sotavento a los náufragos.

Intentar alcanzar el mercante a nado y sin contacto cabo al velero es el último de los recursos que debemos considerar.

Si la tripulación optara por esta solución, por favor, engancharse todos conjuntamente y nadando estilo espalda.

Esta disciplina es la más fácil de manejar con un salvavidas puesto, aunque apenas se avanza.

Un viaje en Helicóptero

Si puede llegar al lugar del naufragio, el helicóptero es el medio ideal de salvamento, está capacitado para socorrer independientemente del estado del mar, las personas y del velero.

Por razones tácticas, tiene un radio de acción restringido y depende de la visibilidad.

Al llegar el helicóptero, la tripulación debe estar dispuesta para el abandono del barco. Todos llevarán puestos salvavidas, arnés y en sus bolsillos lo que más quieran o necesiten. Los papeles del barco y el diario de navegación pueden ser útiles a posteriori.

Hay que establecer un orden de abandono. La primera persona debe ser alguien que se sienta confiado ante el salvamento y pueda dar ánimos a los demás. Luego siguen los otros, los más inseguros, y en último lugar el que haya dirigido la maniobra.

El helicóptero siempre se acerca desde sotavento arrastrando el cable de salvamento por el agua. Esto impide que reciba una descarga eléctrica.

En el momento en el que se pueda alcanzar el cable, se lo agarra, el bichero puede ayudarnos.

Hay que tener cuidado y considerar que el helicóptero está quieto en altura mientras que el barco sube y baja.

Por ello hay que tomar el cable cuando el velero está en el valle de la ola.

Ahora hay que tener mucho cuidado de no pasar el cable entre los obenques, estayes o burdas.

En el extremo del cable encontraremos una gaza o un ancla de salvamento. En la gaza se entra de forma que el cierre quede por delante.

Con una señal del pulgar, indicaremos que ya estamos listos para ser izados.

Es muy posible que el helicóptero tire en oblicuo para evitar enredar el cable en el estay

Colgado de la gaza el náufrago se siente cómodo y bien. No hay sensación de miedo ni mareo.

La mirada se dirige hacia el ayudante del helicóptero, que de un corto tirón mete al náufrago dentro. El truco consiste en tomarlo por la espalda.

Ya a salvo nada de de efusivas gracias y grandes monólogos. El ayudante ni siquiera va a poder oír nada, debido al casco, el ruido del motor y el viento. Además ahora ya estará concentrado en el próximo tripulante.