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Morgan y el saqueo a Panamá

by | Relatos de Navegantes

En enero de 1671, 36  naves al mando del comandante Morgan recalan en  la desembocadura del Río Chagres, en Panamá.

Conquistan la fortaleza española de San Lorenzo, a la entrada de ese río, y se dirigen a cruzar el Istmo para saquear la ciudad de Panamá

Morgan deja sus barcos en la costa y  hace construir balsas con troncos de árboles.

Cerca de 2000 piratas se ponen en marcha hacia la ciudad. Las balsas van tan cargadas que los hombres parecen ir sentados en el agua.

Se hallaban en una selva verde, amarilla y negra con olor a podrido.

El calor era sofocante y tenaz. No había mucho que comer ni beber, salvo aquella agua amarillenta y fangosa.

Los Piratas trataban de descubrir entre los árboles las plantaciones españolas para abastecerse. No se veía el menor rastro humano.

 Al día siguiente, el mismo espectáculo: granjas abandonadas, casas y cosechas quemadas.

No cabía duda de que los españoles, avisados de su llegada, se habían evaporado.

La noche del tercer día, las ansias de hambre eran incontenibles. Varios de los hombres tuvieron fiebre y otros padecieron insolaciones.

Al cuarto día tuvieron que abandonar sus embarcaciones debido a la poca profundidad del río. Los hermanos de la costa se desparramaron en columnas desordenadas. Todos estaban descorazonados

Del 5° al 7° día titubearon. Sólo se alimentaban de raíces amargas, de serpientes y de ratones de campo.

El 8° día descubrieron un pequeño rebaño. Se precipitaron sobre los animales, los mataron y comieron su carne cruda. Luego durmieron destrozados por la fatiga

Al día siguiente, uno de los hombres de la vanguardia llegó corriendo. Había visto los campanarios de Panamá.

Detuvieron la marcha y por la noche todos los piratas permanecieron en vela soñando en silencio…

Panamá: Pesca fructífera

En 1670 la ciudad de Panamá era utilizada como un lugar de tráfico de  mercancías. Más del 60% de los metales preciosos que iban hacia España pasaban por el Istmo.

Allí se almacenaban tesoros de todas clases. Se habían transformado en lingotes las estatuas de oro, los brazaletes y los escudos de ceremonia de los incas y las barras de plata se apilaban en las calles.

Las iglesias estaban repletas de tesoros fabulosos y las casas contenían ron y vino, desde la bodega al granero.

Panamá significaba, “pesca fructífera” en lengua indígena. Nada más cierto.

La ciudad había adquirido rápidamente un aire de pacífica prosperidad. Los negociantes habían sustituido a los guerreros.

Las mujeres lucían ricos vestidos y la vida social era igual a la de Madrid, Londres o París

Don Juan Pérez de Guzman gobernaba con elegancia en nombre del Rey de Castilla; protegidos por el mar, de un lado, por la sólida muralla y un pantano, del otro, los burgueses de Panamá vivían tranquilos y felices.

Una importante marina, caballería e infantería aseguraban la defensa de la ciudad contra todo posible ataque.

La Batalla

El 28 de enero, al amanecer Morgan reúne a sus hombres. La fatiga y el hambre habían desaparecido.

Los deja contemplar de lejos la ciudad y les da tiempo para imaginar que habían vencido antes de combatir

Aquella mañana, la ciudad rosa y blanca, era la tierra prometida que se les ofrecía.  Sólo quedaba dirigirse lisa y llanamente hacia su posesión…

La batalla iba a ser dura. Sabían que los españoles estaban esperándolos; el brillo de sus armaduras en lo alto de las murallas lo confirmaba

1200 soldados de infantería estaban listos para recibirlos y 400 de caballería impacientes de rechazar el ataque.

Todos saben que las picotas han sido clavadas para colgar a los forajidos…

Morgan levanta el brazo y los piratas se extienden por la llanura, sin lanzar un solo grito, formando una línea movible y ondulante. Al fin se arrojan sobre la ciudad…

El gobernador Guzman, ha observado todos los movimientos del enemigo. Embutido en su uniforme púrpura y oro, rodeado de la púrpura y oro de sus oficiales, está seguro de sí mismo.

Sonríe porque tiene su propio plan. ¡A todos esos vagabundos los va a hacer arder en una misma hoguera!

Guzman levanta su brazo y las puertas de la ciudad se abren para que la caballería, como si se tratase de un desfile militar, se lance al combate.

Los ojos de toda la población están puestos sobre ellos.

Los filibusteros contemplan a los caballeros y distinguen, detrás de estos a la infantería. En vez de aterrorizarse se dan cuenta que aquellos soldados son más de plomo que de verdad.

Apuestos, gallardos, soberbiamente alimentados y vestidos, no dan la impresión de enemigos, sino de actores y danzantes…

De repente, la línea de caballeros e infantes se abre y de una de las puertas surgen más de 200 toros.

El gobernador Guzman pretendía impresionarlos y desbandarlos con una demostración de fuerza. ¡No Hará falta disparar un tiro!

Los filibusteros fluctúan un momento ante la masa galopante de toros…

Se oye un disparo, dos, tres, cincuenta… se grita, se vocifera, se levantan los brazos; las viejas mañas de los bucaneros, cazadores de bestias salvajes, vuelven a su memoria.

Los toros sorprendidos, frenan su carrera, se vuelven y regresan a la ciudad, embistiendo las filas de los caballeros.

En la terrible confusión, varios caballos son corneados  y muchos hombres pisoteados.

Los espléndidos uniformes púrpura y oro se ensucian de barro. En unos cuantos minutos se aniquiló a los hermosos danzarines. El ballet había concluido.

Los caballeros restantes huyen, aplastando a su propia infantería, para ser después acorralados contra las murallas por los toros furiosos.  Ante el espectáculo, la horda de los “Hermanos de la Costa” se pone en movimiento. Los españoles, en lucha con los toros, no les prestan atención.

Los filibusteros, se lanzan al asalto, envueltos por la atmósfera bestial, parecen poseídos del delirio de matar.

Matan con las dos manos y hasta con los dientes, vociferando como dementes o demonios. Entran en tromba por las puertas de la ciudad que los españoles olvidaron cerrar.

Ya dentro de Panamá, los fortines del recinto se rinden sin disparar un tiro y  el palacio del Gobernador es ocupado…

Piratas del Caribe

El Caribe se había convertido en un auténtico refugio para los piratas.  

Desde 1655, La isla de Jamaica  había sido conquistada por los ingleses. Era un codiciado reducto NO español, rodeado de posesiones españolas cargadas de riquezas.

Y si bien la pérdida de este enclave no había sido significativa para la Corona Española, con el tiempo se demostraría que aquella Isla en manos británicas había sido un gran error.

Las patentes de corso, el más antiguo contrato por incentivos, se había popularizado. Todo el que fuera capaz de navegar  y careciera de escrúpulos podía hacerse rico.  Y sin duda, esto atrajo masivamente a los piratas.

Desde allí, los ingleses, entablaban relaciones comerciales  con países recién descubiertos mientras hundían galeones españoles

Henry Morgan, Nacido en Gales en 1635,  hijo de un rico labrador y sin antecedentes marineros, dejó su hogar para buscar aventuras en el Nuevo Mundo.

A los 21 años llega a Jamaica, y en connivencia con sus gobernadores emprendió  varias campañas bélicas contra las posesiones españolas en el mar Caribe

Antecedentes del Asalto..

En los primeros meses de 1670, un buque corsario español ataca naves inglesas y algún que otro pueblo en jamaica.

Ante estos ataques, el Gobernador de Jamaica Modyford, propaga el rumor de que los españoles pretenden reconquistar Jamaica

Y a pesar de que esto es absurdo, emite nuevas patentes de corso habilitando a Morgan como Almirante y  Comandante de todos los buques de guerra para atacar, tomar y destruir todas las naves del enemigo que entren en su alcance permitiéndole también desembarcar en tierras españolas.

Como era usual, los bucaneros serían remunerados a través del botín que lograran acumular. 

El Gobernador Modyford informa a las autoridades en Inglaterra con la idea de obtener permiso oficial. 

Tras meses de intensos preparativos, Modyford, le informa a Morgan que debe detener los todos los ataques a poblaciones españolas

Había recibido órdenes de Londres. Se negociaba el Tratado de Madrid, donde Inglaterra se comprometía a cesar toda hostilidad en el Caribe a cambio del reconocimiento por parte de España de las colonias inglesas en el Caribe.

No estaba en el interés de Inglaterra atacar a los españoles en esos precisos momentos. 

Pero Morgan desobedeció esta orden abiertamente…

Panamá a nuestros pies…

Tomada Panamá. Los piratas apenas tocan el suelo. Se hallan suspendidos de furia y regocijo.

Lloran, violan y ríen. La cofradía de los hermanos de la costa vive sus horas más bellas. Lo siente y lo sabe.

Pero, todo acaba pronto. La locura se aplaca y comienza el saqueo sumamente ordenado.

Hacia el crepúsculo, un incendio estalla en los suburbios de la ciudad. ¿Quién lo habría provocado? Nunca se sabrá. Las llamas se propagaran dejando sólo destrucción y ruina.

Durante tres semanas se dedican a amasar el botín, escogen lo que más les interesa.

Ponen a un lado los objetos de valor y encierran a los ricos y mujeres que pueden significar un alto rescate.

Sin embargo, el gobernador español había tenido la previsión de cargar todo el oro y la plata en barcos con rumbo a España, y aunque el botín no era pequeño, muchos bucaneros se sientes estafados.

Podía creerse que con el vino y al alcohol que se almacenaba en las bodegas de la ciudad, el desbordamiento anarquista iba a comenzar de nuevo. Sin embargo, los filibusteros sólo beben agua.

Fue una argucia de Morgan: Dejó correr el rumor de que todos los toneles habían sido envenenados.

Al ver a sus hombres en aquel desenfreno temió que una borrachera general provocara una batalla entre ellos mismos

Retirada y traición

El incendio se había devorado a la ciudad y sólo ruinas quedaban. Morgan ordena la retirada y parten el 24 de febrero de 1671.

La tripulación quería continuar el pillaje en la costa del océano Pacífico, pero el capitán se negó resueltamente.

El regreso a través del Istmo duró 10 días. Los filibusteros estaban agotados y algo frustrados

Llevaban 175 mulas cargadas de oro, plata y joyas, además de unos 600 prisioneros. Era un botín pobre considerando la envergadura de la campaña.

El reparto del botín se llevó a cabo en la desembocadura del Chagres. Allí Morgan para festejar, hizo desembarcar 10 barriles de ron y la cofradía se emborrachó toda la noche en la playa…

A la mañana siguiente, los primeros que despertaron descubrieron que Morgan había levado anclas ¡Llevándose 9 de las 10 partes del botín!

Los filibusteros se embarcaron llenos de rencor. La toma de Panamá se había convertido en una pesadilla…

Consecuencias…

Cuando las noticias del ataque llegaron a Madrid los españoles, quienes recién habían firmado el Tratado, se sintieron defraudados y engañados. 

En cambio, Jamaica celebró y Londres reaccionó positivamente, pero guardando cierta discreción para no desafiar  más a los españoles. 

El gobierno inglés llevó a cabo ciertas medidas simbólicas para aplacar a los españoles.  Modyford fue depuesto, juzgado y encerrado.

Morgan fue arrestado y enviado a Inglaterra para ser juzgado como pirata.

Pero, nada tenía que temer. Allí fue recibido como un héroe popular, y, una vez absuelto, Carlos II lo nombró sir y lo envió de vuelta a Jamaica como gobernador donde empleó el resto de su vida a luchar contra la piratería…

El saqueo de Panamá fue la última gran expedición de los piratas  con apoyo oficial Inglés.  Jamaica comenzó a acatar el Tratado de Madrid.

Lic. Florencia Cattaneo

Campo Embarcaciones

Bróker Náutico

Fuentes: J y F Gall; El Filibusterismo; Editoria Fondo de la cultura económica

Web National Geographic; Henry Morgan, corsario y pirata del Caribe

Juan Fernando Núñez; Aspectos legales y políticos de la piratería en el Caribe durante el siglo XVII; La expedición de Henry morgan a Panamá

Web Sociedad Geográfica española;Piratas del Pacífico