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Motín sangriento

by | Relatos de Navegantes

La noche del 22 de septiembre de 1797, mientras el “Hermione” navegaba  al oeste de Puerto Rico, parte de la tripulación desde las baterías comenzó a lanzar balas hacia la cubierta.

El primer teniente bajó a investigar la causa del disturbio, súbitamente lo hirieron en el brazo con un tomahawk,  luego lo golpearon, le cortaron la garganta y  lo lanzaron al agua.

El capitán, al oír el ruido, salió a cubierta. Repentinamente lo hirieron y tuvo que replegarse en su cabina. 

Violentamente, entraron en la cabina tres amotinados, uno de ellos lo apuñaló y  por una de las ventanas lo arrojó  al mar. Fue cuando estalló la algarabía de todos los amotinados

De manera similar procedieron con los demás oficiales; cortando e hiriendo a sus víctimas de la manera más cruel y violenta.

El caso del “Hermione” fue uno de los levantamientos más sangrientos de la Historia de la Armada Británica; asesinaron al capitán y a nueve de sus oficiales a machetazos y hachazos para luego tirarlos por la borda

Crueldad sin límites

El origen de la rebeldía a bordo fue el exceso de tiranía y brutalidad de su capitán, Hugh Pigot, que a los veintisiete se había convertido en el capitán más cruel y en uno de los peores de la historia de la Armada británica.

Cuando Pigot asumió el mando de su primera fragata a los veinticinco años de edad, ejercía sobre sus marineros un dominio absoluto.

Los reglamentos de la armada concedían al capitán la potestad de azotar a sus tripulantes y, bajo ciertas circunstancias, de condenarlos a muerte. No era una exageración decir que a bordo de su pequeño mundo, un capitán de navío era un “señor sólo superado por Dios”.

El orden y la disciplina eran necesarios para una tripulación naval. Pero así como a un padre responsable no se le ocurriría insultar y castigar a su hijo incesantemente, un capitán de navío juicioso tampoco tiranizaba a sus hombres con insultos y azotes constantes.

Hugh Pigot se convirtió en un déspota aficionado a azotar a sus hombres. Durante un período de catorce meses a bordo del “Success”, su primer buque como capitán, Pigot ordenó por lo menos 105 docenas de azotes con el látigo de nueve tiras, por infracciones que incluían la embriaguez, el desdén, el incumplimiento del deber, la suciedad, la desobediencia y el hurto.

Dos años más tarde, a bordo del  “Hermione”, azotaría a sus hombres por “delitos” como ser el último en descender de la jarcia o no correr a cubierta de inmediato cuando se le ordenaba.

Los marineros llamaban al “Hermione”: “barco del infierno” y no tardó mucho en convertirse un nido de resentimiento y encono.

La gota que rebalsó el vaso

El día anterior al  motin, mientras la tripulación se encontraba en sus faenas, el capitán llamó diciendo que azotaría al último hombre que subiera a los palos.

Los marineros, sabiendo que el capitán cumpliría su palabra, hicieron todo lo posible por evitar el castigo: Dos de ellos, por la posición en la que se encontraban, no pudieron alcanzar el aparejo del palo mayor, las fuerzas les fallaron y cayeron. En la caída ambos murieron.

Pigot observó los cuerpos con desdén y ordenó que echaran por la borda a “esos marineros de agua dulce”. Esta muestra de indiferencia cruel selló  el destino del capitán Hugh Pigot.

Un día después de la muerte de los dos marineros, los tripulantes más resentidos se reunieron alrededor de un cubo de ron en el castillo de proa, bebieron y discutieron sobre lo que debían hacer. Fue entonces cuando pasaron a la acción.

Al terminar la noche, habían echado por la borda muertos o moribundos al capitán, a tres tenientes, al sobrecargo, al cirujano, al asistente del capitán, a un guardiamarina, al patrón y al teniente de infantería de marina.

Desertores y Fugitivos: A la horca  

Después de soltar a los demás oficiales en un bote con provisiones, los amotinados llevaron el “Hermione” a La Guaira, en la actual Venezuela.

Apostaban a que los españoles los recibirían como desertores y serían Bienvenidos al entregar uno de los navíos de guerra de la Armada Británica.

Al llegar a la colonia española, los amotinados sólo exigieron que se les dejara libres.  Los marineros que no habían formado parte del motín pidieron ser tomados como prisioneros de guerra para evitar que se les ahorcara en el futuro.

La opinión pública se enteró de lo tirano que había sido el capitán, y en un principio comprendió y justifico el motín, pero después de saberse la crueldad en la matanza indiscriminada de los oficiales, la misma opinión pública se enardeció y exigió tomar medidas contundentes y perseguir a los amotinados del “Hermione” donde fuese.

En consecuencia, la Armada española y la Armada británica estuvieron durante diez años a la caza de los fugitivos.

Lograron atrapar a treinta y tres amotinados, veinticuatro murieron en la horca y uno fue a dar a una colonia penal. Pero de un modo u otro, más de cien tripulantes del “Hermione” lograron esquivar a las autoridades y evitar el juicio.

Hoy te llaman: “Represalia y castigo”

Entretanto, el “Hermione” en manos españolas constituía una incómoda presencia para los británicos y además era un símbolo de “un motín triunfante”, algo que detestaba cualquier capitán británico.

En 1799, dos años después del motín, el capitán Sir Edward Hamilton logró recuperar el “Hermione”, al que los españoles habían rebautizado con el nombre de Santa Cecilia.

En la noche 25 de octubre de 1799, seis botes y lanchas procedentes de la Surprise asaltaron la fragata.

La sorpresa fue total para los españoles; los escasos soldados de guardia fueron fácilmente arrollados, el capitán Hamilton y sus hombres se apoderaron del alcázar del barco y cerraron las escotillas, dejando a la tripulación -aún somnolienta- encerrada.

A partir de allí los británicos se limitaron a pegar tiros y sablazos a los encerrados. Esto explica porque los españoles sufrieron 119 muertos y 57 heridos, y los ingleses no tuvieron una sola baja, únicamente 12 heridos, entre ellos el capitán Hamilton.

El Hermione/Santa Cecilia tuvo otro cambio de nombre y pasó a llamarse Retaliation y Retribution (“Represalia” y “castigo”). Finalmente, en 1805 sería desguazada

Así acabó esta truculenta historia de tiranía, traición y aventuras.

Lic. Florencia Cattaneo

Fuente: Peter D. Jeans. Mitos y Leyendas del mar