Si no visualiza correctamente este mail, haga

El 23 de Noviembre de 1942, en plena guerra, el mercante Ben Lomond fue torpedeado y hundido por el U-172 a unas 750 millas al este del Amazonas, en Brasil.

Al momento del ataque, el camarero del buque, Poom Lim, se encontraba descansando en uno de los camarotes de servicio, del lado opuesto al boquete producido por el torpedo.

A los pocos minutos, las frías aguas alcanzaron las hirvientes calderas del mercante y el colapso térmico provocó una gran explosión que terminó por hundir el buque.

El joven camarero de Hong Kong, tuvo el tiempo justo para encontrar un salvavidas y lanzarse al mar.

44 marineros, 8 tripulantes y el capitán murieron

La gracia bajo presión

La historia del náufrago Poon Lim no es el relato más dramático de la historia ni de lejos el más desgarrador.

Sin embargo, manifiesta la dignidad y la sencilla valentía que no siempre se aprecia en las historia de supervivencia.

Revela la calidad humana en la que pensaba Ernest Hemingway cuando declaró que tener coraje consiste en mantener la gracia bajo situaciones de presión.  

Construiré una balsa…

Al cabo de unas horas, Poon permanecía aferrado a su salvavidas cuando divisó a unos cientos de metros una de las balsas de apoyo del Ben Lomond . 

Estaba exhausto y semiinconsciente pero decidió realizar un último esfuerzo y nadó hacia ella.

La balsa medía  apenas dos metros cuadrados, con un poste en cada esquina y dos cajas de emergencia amarradas a bordo.

En una de las cajas había agua y en la otra,  tabletas de chocolate, azúcar, galletas, pasta de pescado y una botella de zumo de lima para evitar el escorbuto. También había unas bengalas de emergencia.

Repasó las provisiones y  decidió limitarse a dos galletas por comida, seis a lo largo del día.

Tendría suficiente para unos 20 días, con lo que su ánimo y esperanza de rescate eran bastante optimistas.

Sobrevivir

Habían pasado ya dos semanas. Poon Lim vivía el día y la noche buscando en el horizonte  algún buque o aeronave que lo rescatase, pero sus esfuerzos resultaban inútiles.

Una noche un avión surcó el cielo estrellado. Poon Lim disparó una de las bengalas y un punto luminoso quebró la oscuridad del mar, pero luego cayó y se desvaneció. Ningún cambio de trayectoria en el avión. Una vez más, solo en la oscuridad Poon apoyó su cara en balsa de madera y se durmió.

Al día siguiente, se percató de que si quería sobrevivir, tendría que pescar.

Desenredó los ramales de un cabo de cáñamo y los rehiló para fabricar hilo de pesca. El anzuelo logró improvisarlo con el cierre de una bengala.

Como carnada hizo una pasta de galleta, pero enseguida comprobó que se deshacía en el agua.

No se desanimó, observó que habían empezado a crecer percebes en su balsa y los usó para pescar una pequeña sardina que sirvió de cebo para mayores capturas.

Con las tapas de los recipientes de galletas improvisó afilados cuchillos con los que destripó el pescado. Poon se sintió seguro de sí mismo.

Gracias a los chaparrones ocasionales no pasaba demasiada sed y cuando el clima era húmedo, la condensación le permitía llenar un poco más la lata de agua.

Pero, las capturas no eran constantes y dependían de las corrientes.

Una tarde la balsa se adentró en un inmenso cardumen y se llenó de peces.

Poon puso a secar el pescado una vez limpio, separando tripas, vísceras y sangre que almacenaba en las esquinas de la balsa.

Tal fue el cúmulo de capturas y vísceras que empezó a tener un problema con el olor y la putrefacción impidiendo, incluso, la correcta oxigenación de la barca.

Cometió entonces uno de los pocos errores de su travesía:

Se deshizo de las  vísceras y de la sangre provocando la llegada de una legión de tiburones.

Los escualos rondaron la balsa durante varios días, espantando cualquier atisbo de pesca y provocando la mayor crisis de hambruna de su naufragio.

A La caza del tiburón

Los tiburones no se marchaban y Poon no tenía modo alguno de seguir pescando. El hambre lo condujo a la única opción que le quedaba: Tenía que cazar un tiburón.

Para ello fabricó un nuevo anzuelo, más grande y resistente, con uno de los clavos que unían los listones de madera a su estructura.

La última cabeza de pescado le sirvió como cebo para engañar a su presa. Con solo depositar el cebo, el tiburón elegido (de más de un metro) mordió la carnada.

Poon sabía que su única opción era subirlo de un tirón para rematarlo a puñetazos en su balsa.

A los 10 minutos tenia las tripas del tiburón enlatadas, las aletas a secar y como refresco había preparado la sangre del hígado.

Cantando al sol…

Tras unos cien días de esta precaria existencia, desaparecieron los peces y se agotó la reserva de pescado seco. Las cosas no pintaban nada bien. Poon se enfrentaba a una mala racha.

Para no perder el optimismo, Poom Lim se dedicó a cantar y trató de recordar todos los fragmentos que conocía de opera China

Mientras tanto, procuraba atraer peces curiosos hacia la balsa.

A base de hacer pruebas, desarrolló un sistema de pesca en el que sacudía el hilo arriba y abajo repetidamente, hasta que los peces se acercaban para investigar el movimiento y, con suerte, alguno mordía el anzuelo.

Después de cinco días sin comida, unas aves marinas se posaron sobre la balsa. Esperó a que anocheciera y logró cazar tres. Se comió una de las aves crudas en el acto y conservó las otras para usarlas de carnada.

 1.200 km en 133 días de soledad

La balsa llevaba muchos días en una corriente que lo arrastraba hacia el oeste; Poon Lim notó que el color del agua había cambiado y que algunos peces eran parecidos al salmón.

La balsa se aproximaba a la desembocadura del río Amazonas.

Durante una mañana de su 15ª semana en el Atlántico, Poon fue despertado por un fuerte silbato marino. Creyó haber concluido su pesadilla tras divisar un inmenso carguero americano aproximarse hasta apenas 50 metros de su balsa. Pero alguien se habría percatado de su condición de chino y maniobró para perderse de nuevo en el horizonte.

Unos días más tarde un avión sobrevoló la balsa. Poon Lim soltó una bengala pero el avión se alejó de nuevo.

En la mañana del día 133, el 5 de Abril de 1943, vio una pequeña vela en el horizonte.

A Poon ya no le quedaban bengalas, por lo que saludó agitando su camiseta en un esfuerzo por atraer la atención de la tripulación. La embarcación cambió de dirección y se dirigió a él.

Un pequeño pesquero brasileño llegó hasta la balsa yel camarero saludó a sus salvadores con una humilde reverencia.

Lo llevaron de regreso a Belem, en la desembocadura del Amazonas.

Al llegar las condiciones del marino chino eran excepcionales. 

Había recorrido 1200 km , perdió apenas 10 kilos y bajó a tierra caminando por sus propios medios.

El Reconocimiento

A pesar de su buen estado físico, el naufragio lo había debilitado mucho y pasó un mes y medio de recuperación en el hospital.

 “Estaba un poco flaco cuando pisé tierra –declaró-, pero nunca tuve un dolor de cabeza en todo el tiempo que pasé en la balsa. Dormí como un lirón cada noche”.

Cuando le enviaron de regreso a su país vía Inglaterra, el Rey Jorge VI quiso conocer a Poon Lim para que le contara su historia.

Luego de la aventura, la Marina Británica editó folletos y los colocó en todas las balsas salvavidas de sus naves describiendo las técnicas de supervivencia experimentadas por Poon Lim.

Lim entró en el Libro Guinness de los Récords como el hombre que más tiempo ha pasado flotando en alta mar.

Cuando se lo comunicaron respondió a la frivolidad del premio con la sensatez de náufrago: «Espero que nadie tenga que batirlo nunca».

Lic. Florencia Cattaneo

Fuentes: Peter D. Jeans; Mitos y leyendas del Mar

Ruthanne Lum McCunn; Sole Survivor

Pag. Web. Kurioso.es