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Esta es una de las preguntas más escuchadas entre los navegantes del Río de la Plata.

Quiénes son legos en las artes marinas pueden pensar que, si de beber se trata, con un par de botellas de agua nos arreglamos.

Se trata en realidad de la profundidad del agua bajo la quilla.

Conocer la profundidad del agua, especialmente si se lo utiliza en combinación con otros datos, puede ser valioso a la hora de navegar con seguridad, pasar un peligro o hacer una recalada.

La profundidad bajo la quilla es el valor que más se monitorea y la ecosonda es la niña mimada y la más mirada por el timonel.

Este instrumento indispensable que reemplazó al tradicional método del “escandallo”(una larga, gruesa y pesada cuerda que, actuando con una plomada, es lanzaba hasta tocar el fondo y así poder determinar la distancia al lecho marino) tuvo sus orígenes a mediados del siglo pasado.

Todo comienza con el deseo de buscar objetos perdidos bajo el mar, a partir del naufragio del Titanic en 1912. Este naufragio funcionó como un gran “señuelo” para conseguir nuevas tecnologías de rescate y prevención de desastres.

En este sentido, el meteorólogo británico, Richardson, fué el primero en sugerir la utilización del ECO como medio para detectar la ubicación de icebergs.

Pero sólo a comienzo de los años 30 las ecosondas comenzaron a funcionar como un método efectivo y a partir del 1960, la mayoría de los barcos de gran calado, contaban con una ecosonda de precisión.

En la actualidad se utiliza no sólo para determinar la profundidad y evitar que las naves encallen, sino también para reconocer el relieve marino y la detección de cardúmenes

¿Cómo funciona?

La ecosonda registra continuamente la profundidad dentro de su alcance. Transmite una señal acústica hacia el lecho marino por medio de un transductor fijado al fondo del barco. 

La señal devuelta se convierte en profundidad midiendo el intervalo de tiempo entre trasmisión y recepción – La velocidad promedio del sonido a través del agua es de 1500 m/seg.-

El transductor fijado al fondo del casco emite un arco de sonido superior a 45°, por lo que, si el barco escora más de 22°, la señal no será enviada directamente hacia el fondo marino y esto puede producir una falsa lectura

La solución para las embarcaciones que escoran más de 20° es instalar dos transductores, uno a cada banda, preferentemente con un interruptor de gravedad automático.

Para su mejor funcionamiento conviene ubicar el transductor delante y algo separado de la quilla, lejos de cualquier zona de turbulencia

¿Pasamos o no?

Es lógico comprender que si uno pretende pasar por una zona que coincide exactamente con el calado del barco, la embarcación no pasará quedando varada o en el mejor de los casos, pasará con grandes esfuerzos arrastrándose sobre el fondo.

Para evitar esto, el navegante debe mantener en todo momento un margen de seguridad en la profundidad por debajo de la quilla que dependerá del tipo de fondo y del tipo de peligro a superar.

Para calcular el resguardo debajo de la quilla a partir de la lectura de la ecosonda hay que añadir la profundidad del transductor y restar el calado del barco.

En agua muy fría o en agua dulce, el sonido viaja con más lentitud, por lo que se debe tener en cuenta un resguardo mayor debido a que la profundidad real será menor que la indicada.

La mayoría de los instrumentos tiene una función para compensar la quilla, que ajusta la profundidad visualizada para mostrar la profundidad debajo de la quilla. Si lo que se quiere es saber la profundidad del agua, entonces se deberá programar una compensación negativa en la ecosonda. 

A falta de ecosonda buena son las cartas

Para calcular la profundidad de resguardo a partir de la carta, habrá que tomar la profundidad indicada en la carta, sumarle el resguardo y la altura de marea indicada en la tabla de mareas para ese día y esa hora apropiada y luego restar el calado del barco.

La profundidad en un lugar ya sea en el mar, ríos o demás zonas navegables, es la que existe desde el fondo o lecho del mar o río hasta la superficie de las aguas.

Esta distancia es una medida constantemente variable, que se verá modificada por las mareas propias del lugar y por factores meteorológicos, los cuales variaran constantemente.

Para mitigar un poco los conflictos que esto conlleva, es que se estableció lo que se dio en llamar Plano de reducción de sondajes y puede definirse como la línea imaginaria que garantiza al navegante que como mínimo tendrá la profundidad indicada en la carta.

Esto quiere decir que para cada zona que se navega existe un plano de reducción que coincide con el cero hidrográfico de esa zona y por lo tanto cuando el mareógrafo marque cero, en ese lugar se debería sondar lo que dice la carta

Como se desprende del dibujo, la cantidad de agua por sobre el sondaje impreso en la carta no es otra cosa que la altura de mareas que representa la distancia entre cero mareográfico hasta la superficie del agua.

Determinar la posición a partir de la profundidad

La profundidad del agua es útil para confirmar la posición a partir de la comparación de profundidades indicadas en la carta, habiendo considerado  primero la altura de la marea.

Cuando la configuración del fondo es distintiva o está descripta en la carta con veriles, una línea de sondas puede ayudar a determinar la posición del barco y guiarlo a puerto o a un destino determinado

Esto se puede realizar siguiendo una línea de sondas. Para ello, elija un veril en la carta y tome sondas continuas, habiendo comprobado primero que no haya peligros sumergidos a lo largo de la ruta.

Esto es de mucha utilidad sobre todo en días de niebla donde la captación del GPS se hace más dificultosa. Sin embargo, hay que realizarlo con precaución ya que las sondas son difíciles de interpretar.

La ecosonda con una lectura gráfica es la más apropiada para este fin ya que ofrece un registro gráfico permanente de la profundidad. Ofrece información detallada sobre la naturaleza del fondo; el fango, la arena compacta y la roca que son identificados claramente.

Fuente: Introducción a la navegación astronómica, Beltrán Gustavo Larrandart

            Manual de vela; Editorial Paidotribo